Ciberguerra: la política por otros medios en la Web
Una nueva forma de protesta política surgió en la Web, al tiempo que los gobiernos de las potencias preparan un arsenal contra los grupos de hackers y también accionan campañas contra los websites y sistemas de otros gobiernos. Es la ciberguerra, la política por otros medios en Internet.
En estos días el grupo Lulzsec reveló que asaltó hace dos meses la sede digital de la compañía de videojuegos Bethesda, capturó los datos de 200.000 jugadores y advirtió a la compañía que corrigiera los problemas de seguridad de información. Este mismo grupo atacó simultáneamente los sistemas del Senado de Estados Unidos. Lulzsec fue el que robó los datos de un millón de usuarios de Sony, en éste caso motivado por las acciones legales de la firma japonesa contra George Hotz, creador del Jailbreak para la consola PlayStation 3.
Simultáneamente el grupo Anonymous había anunciado una acción contra la Reserva Federal de Estados Unidos (EE UU), dando 90 días a su máximo responsable Ben Bernake para dimitir, acusando a éste organismos de mantener en la pobreza a millones de personas, causar la inflación de servicios básicos con la devaluación del dólar, manipular las bolsas de valores y destinar los dineros públicos a la gran banca.
Estos grupos de hackers de sombrero gris se unen de alguna forma a WikiLeaks, que tuvo nerviosos a los gobiernos y políticos de casi todo el mundo con la publicación de documentos infiltrados de los organismos de seguridad y de la diplomacia estadounidense, recientemente, pero cuyas andadas se extienden hasta el 2006 y 2007 acumulando 1,2 millones de documentos publicados.
Ellos buscan la protesta y la denuncia política. Esa es su diferencia.
Mientras tanto los delincuentes comunes en la Red -los hackers de sombrero negro- lo que buscan es ganar dinero enviando millones de correos no deseados o spam con publicidad desde computadoras de otros usuarios (usando botnets, códigos malignos que convierten a las PC infectadas en robots y que controlan para enviar los spam) o robando las claves, números de tarjetas de crédito y cuentas bancarias para vaciarlas.
Claro que las acciones de los grupos como LulzSec y Anonymous digustan, incomodan y aterrorizan a las empresas, políticos y gobiernos. En Europa ya se preparan leyes para castigarlos e incluso la policía de España y de Turquía ya realizaron operativos la semana anterior contra supuestos miembros de Anonymous.
Pero esa es una cara de la ciberguerra, pues los Estados también están cavando sus propias trincheras. Al intercambio de acusaciones entre autoridades chinas y estadounidenses sobre sus estrategias de respuesta a ataques que sufran en la Red, se une la posibilidad -según The New York Times- de que el gobierno de EE.UU. desarrolle una tecnología que permitiría crear un Internet móvil que introduciría en otros países “con censura”, una definición con una elasticidad tal que puede incluir a las naciones que los burócratas del Pentagono, del Departamento de Estado o de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) se les ocurra. Las palabras han sido antecedidas por los hechos: el gobierno estadounidense accionó recientemente una campaña contra los sitios del gobierno de Libia y antes Irán había sido el blanco de códigos maliciosos a sus plantas nucleares y a los sistemas gubernamentales. China advirtió públicamente que EE.UU. no tenía cómo evitar ni defenderse de una ciberguerra, lo que quedó demostrado con el ataque sufrido por el Senado estadounidense, que “avergonzó” a sus informáticos.
Ya la organización independiente Reporteros Sin Fronteras llamó la atención sobre cómo en esta ciberguerra los Estados están tomando acciones de censura de contenidos, vigilancia y represión de blogueros, así como estrategias de “ahogo de mensajes críticos”, entre otras. Por supuesto, la respuesta de los grupos de hackers no se deja esperar en forma de cifrado de los correos electrónicos, proxies y herramientas para eludir la censura o hasta el ataque a los sitios de las autoridades, como lo hizo Anonymous contra las websites de la policía tras las detenciones.
En el caso de los hackers de sombrero gris lo que se ve es una combinación de acciones políticas anarquistas y de demostraciones de las vulnerabilidades que tienen las empresas, un llamado de atención para que los datos de los ciudadanos y de los clientes estén responsable y debidamente resguardados. Estos grupos dejan al desnudo cómo las empresas no están cuidando la información y tienen portillos para que los ciberdelincuentes la obtengan para robar dinero, estafar o vender secretos corporativos y de los usuarios.
La guerra contra empresas descuidadas y los ataques políticos podrían continuar. En un artículo que revela el estado de la situación (“Una intensa temporada hacker“), El País cita robos de información y ataques sufridos por Citigroup, Google (que acusó al gobierno chino de ser el responsable), el Pentágono, el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación de España, Honda y hasta la compañía de seguridad informática RSA. Un primer semestre más que intenso.
