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Conseguí la datacard de Claro, pero de diferencias sólo prepago

Tras haber ido a cuatro tiendas en Heredia de la firma Claro, al día siguiente salí hacia San Carlos y -como era de suponer- iba con la disposición en el suelo sobre si allá pasaría igual experiencia y tendría que ir a un café Internet para enviar los últimos trabajos del año.

No fue así. Felizmente, en el centro de atención al cliente de Claro en Ciudad Quesada sí tenían datacard -denominada Turbonet- para el servicio de prepago.

Pero ahí mismo me llamó la atención que, cuando di mi dirección de residencia, la persona que atiende imprimió un mapa de cobertura de Heredia.

Si este es un servicio para la comunicación móvil: ¿por qué me muestran que la cobertura es “excelente” en mi casa? En mi casa ya tengo Internet vía cable módem.  A mi me interesa el servicio cuando estoy en la calle: en una universidad, en un mall o en un restaurante donde no tengo conectividad.

Todo esto lo pensé, por supuesto, pues de vez en cuando como buen Tico no me quejo de la atención al público… En este caso aquello de “determine primero la necesidad del cliente” quedó en el papel de igual forma que cuando llegas a un MacDonald por desayuno a las 9:45 am, solo hay una empleada atendiendo a una fila de clientes y a las 10:10 am -cuando al fin llegas a la caja a hacer el pedido- cambian el menú y te dicen que ya no hay para desayuno.

En este caso me habría bastado con el mapa de cobertura de barrio sancarleño llamado El Campo, en La Urba, frente a una de las entradas de la Escuela, donde iba ese mismo día a necesitar conectarme o de lo contrario tendría que venirme al parque.

Digamos que al igual que no haber encontrado el servicio disponible en las cuatro tiendas de Heredia, que me imprimiera un mapa mostrándome la cobertura-de-dónde-no-necesito-el-servicio fue una coincidencia de marca mayor y que en la atención a los clientes nunca vamos a encontrar la excelencia tampoco.

Así que señor “cliente incomodo”: ¡no sea majadero!

Ya con el servicio comprado me dispuse a salir corriendo para realizar la conexión.

Aquí sí puedo decirles que encontré dos diferencias respecto al servicio de conexión a Internet con datacard que una vez tuve con el ICE (que repito lo dejé porque se caía a cada momento, la velocidad era baja e inestable en todo lado y se pagaba en postpago una alta cuota mensual).

Primero, el trámite en Claro duró unos 20 minutos, mientras que cuando adquirí el servicio del ICE tuve que esperar más de 90 minutos (la experiencia se repitió cuando quise aumentar la velocidad después), al punto que llamé a mi jefa para decirle que aun estaba haciendo fila y que no pensara que me había escapado.

Segundo, pese a que el datacard es del mismo fabricante Huawei, en el momento de hacer la primera conexión y que se descargué el software todo fue sencillo, fácil e inmediato. Diferente a cuando tuve el servicio del ICE, que para la conexión había que tener una clave y como no funcionó hubo que llamar un centro de atención, tuve que marcar varias veces, necesité repetir hasta el cansancio la consulta a un operador para que entendiera qué necesitabas, esperar largos minutos para que te resolvieran algo y dar por agotada la paciencia por una simple clave de conexión.

Pero ahí acabaron las diferencias, pues en funcionamiento el Turbonet de Claro resultó ser similar al servicio que tuve con el ICE.

Primero, y muy importante, la conexión es inestable, pues a cada rato -y cuando uno menos se lo espera- se cae y hay que volver a la ventana para darle al botón y tener de nuevo el enlace, algo similar a la experiencia personal y según lo que encontré cuando hice un reportaje sobre el servicio del ICE en mayo del 2010.

Segundo, la velocidad es sumamente variable o inconstante y aunque el servicio promete 1.5 Mbps nunca lo vi ir más allá de 950 Kbps.

De hecho le entregué la netbook y la datacard de Claro a mi hijo para que -ya la había usado en Ciudad Quesada- la probara en su casa en San Rafael de Heredia y se ha negado a utilizar el servicio, cansado de  las caídas periódicas del enlace y de la baja velocidad que se obtiene, que le impide utilizar lo que es más lógico y común entre los jóvenes: ver un vídeo, descargar una canción, jugar en línea.

Al menos yo sí pude enviar un trabajo pendiente  mediante correo electrónico con su attachment -un simple documento en Word de bajo peso- y subir dos artículos a la Web. Para esto sí es útil… aunque igual, en varias ocasiones tuve que reconectar por la caída del servicio.

De modo que la datacard -cuyo costo de ¢17.000 se compensa por una suma similar de uso en prepago para el primer mes- me servirá para responder correos, subir notas a la Web, revisar las cuentas de redes sociales o ver el periódico en línea cuando esté fuera de la casa, haya pagado el uso del día en prepago y -cruzando los dedos- tenga cobertura en los sitios donde la necesitaré.

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